
Volaba y volaba sin encontrar nada,
agotada por mi larga cruzada,
en una rama descansaba atenuada.
Muchos días de viaje,
todos ellos en valde.
Volaba y volaba sin encontrar nada,
esa felicidad que buscaba
yo no la hallaba.
Una serpiente me tentó
y el sol me ofreció.
Tan resplandeciente,
siempre sonriente.
Tan lindo,
me dedicó un guiño.
Tan perfecto,
lo guardé en mi pecho.
En sus redes caí
y ante él me rendí.
Mis miedos difuminaste,
mi dolor dulcificaste,
mi oscuridad iluminaste,
mi corazón robaste,
mi razón te quedaste,
y mil sonrisas me pintaste.
Entonces la serpiente me mordió
y su veneno mi cuerpo recorrió.
Esta es tu condena:
Mi veneno es tu pena.
Condena que no me deja verte,
tocarte, besarte,
acariciarte, abrazarte,
mirarte, escucharte...
Pero si este es el precio que he de pagar
por la felicidad y la ilusión hallar,
por en tus ojos naufragar,
por tus labios besar,
por esa dulce voz escuchar,
por tus manos tocar...
Juro que mil veces volvería a pecar.